Brasil protege 669 mil hectáreas de Amazonía alrededor de la BR-319
Construir una carretera en la Amazonía nunca es solamente construir una carretera. Cada kilómetro nuevo puede significar acceso, comercio y desarrollo.
Pero también puede abrir la puerta a la especulación, la ocupación irregular y la deforestación. Por eso, Brasil decidió adelantarse al problema: proteger el territorio antes de que la infraestructura termine marcando las reglas.
Reservas para proteger antes de que llegue la presión
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva firmó decretos para crear cuatro Reservas de Desarrollo Sostenible (RDS) alrededor de la BR-319, carretera que conecta Manaos con Porto Velho. En conjunto, las nuevas áreas abarcan 669 mil hectáreas de la Amazonía.
Las reservas Tupana Igapó-Açu I, Tupana Igapó-Açu II, Canaã y Mirari buscan conservar bosques, ecosistemas acuáticos y biodiversidad, mientras permiten a las comunidades locales aprovechar los recursos naturales bajo esquemas de manejo sostenible.
La ubicación no es casual. La BR-319 permanece parcialmente sin pavimentar y su posible modernización ha sido presentada durante años como una oportunidad de desarrollo.
El problema es que las carreteras también pueden convertirse en corredores para la deforestación. La experiencia amazónica ya ha dejado suficientes ejemplos como para seguir fingiendo sorpresa.
Conservación con recursos y vigilancia
La estrategia no se limita a dibujar límites en un mapa. Se aprobaron 240 millones de reales para concesiones de manejo forestal en el Bosque Nacional Humanitá y otros 235.8 millones de reales para restauración ecológica y gestión territorial.
También se impulsarán seis Centros de Desarrollo Socio-bioeconómico, con financiamiento brasileño y alemán, para vincular conservación, producción sostenible y oportunidades económicas para las comunidades.
En otras regiones, Brasil amplió el Parque Nacional Sete Cidades y destinó recursos para restaurar más de 10 mil hectáreas en Pará, además de fortalecer proyectos de agroecología y manejo sustentable en comunidades quilombolas.
¿Qué pensamos en #PlanetaB?
Proteger antes de destruir debería ser una obviedad, no una innovación. Las nuevas reservas representan una señal positiva: el desarrollo de infraestructura no necesariamente tiene que competir con la conservación, siempre que existan reglas claras, recursos y, sobre todo, capacidad real para hacerlas cumplir.
Porque una reserva en papel no detiene una motosierra. La diferencia estará en la vigilancia, la gobernanza y en que los millones anunciados lleguen efectivamente al territorio.
La Amazonía no necesita elegir entre desarrollo y conservación. Necesita demostrar que ambos pueden coexistir. Y esta vez, más que promesas, habrá que medir los resultados.





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