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Economía circular en México: promesas ambiciosas, preguntas necesarias

  • hace 36 minutos
  • 2 Min. de lectura



Cuando el 76% suena bien… pero aún no explica todo


México produce diariamente 140 mil toneladas de residuos. Una cifra incómoda que, bien presentada, también puede convertirse en oportunidad.


La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), encabezada por Alicia Bárcena, propone transformar el 76% de los residuos sólidos en nuevos productos mediante parques de economía circular en Puebla, Tlaxcala y el Estado de México. Suena prometedor. Y lo es… en teoría.


El planteamiento, expuesto ante el Consejo Coordinador Empresarial, busca convertir la basura en motor económico. Una narrativa atractiva: sostenibilidad que además genera ingresos. Sin embargo, el dato clave —el total real sobre el cual se calcula ese 76%— se mantiene convenientemente difuso.


Del discurso a la cadena de valor


La estrategia apunta alto: evitar que hasta el 90% de residuos inorgánicos terminen en tiraderos a cielo abierto. Para lograrlo, se apuesta por integrar materiales a procesos productivos eficientes. El potencial existe. También el reto.


Ejemplos sobran: 300 millones de llantas abandonadas, millones de toneladas de textiles y residuos electrónicos, y el persistente sargazo en Quintana Roo. Todo puede transformarse. La pregunta es si puede hacerse a escala, con trazabilidad y sin perder eficiencia en el intento.


La promesa incluye simplificación de trámites, financiamiento y transferencia tecnológica. Es decir, el ecosistema completo. Porque sí, la economía circular puede ser rentable… siempre que deje de ser solo un concepto aspiracional.


¿Qué pensamos en #PlanetaB?


La iniciativa es necesaria. Urgente, incluso. Pero también exige precisión. En temas ambientales, los porcentajes espectaculares sin contexto suelen ser más narrativa que solución. Y México ya no está para discursos reciclables.


La economía circular no se construye con anuncios, sino con ejecución medible, transparencia y corresponsabilidad empresarial.


Si estos parques logran operar con eficiencia real, podrían marcar un punto de inflexión. Si no, serán otro buen titular.


El llamado es claro: menos promesas redondas, más resultados verificables. Porque transformar residuos en valor no es solo una oportunidad económica; es una responsabilidad ambiental que ya no admite demoras.


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