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Katsina apuesta por 11 millones de árboles. ¿Y la CDMX?

hace 11 minutos
2 min de lectura



La crisis ambiental no espera a que los gobiernos encuentren el momento político adecuado. La deforestación, la pérdida de suelo y el cambio climático avanzan con una puntualidad que muchos compromisos públicos no parecen tener.


Frente a este panorama, un estado de Nigeria plantea una meta concreta que invita a mirar más allá de nuestras fronteras y, sobre todo, a cuestionar nuestras propias prioridades.


Una meta que va más allá de plantar árboles


El gobierno de Katsina, en Nigeria, anunció su objetivo de plantar y cuidar 11 millones de árboles para 2030, comenzando con dos millones en 2026. La iniciativa abarcará sus 34 gobiernos locales y busca combatir la desertificación, recuperar suelos y fortalecer la seguridad alimentaria.


El gobernador Dikko Radda puso el énfasis en un aspecto fundamental: no contar ceremonias, sino árboles vivos. Una distinción sencilla, pero relevante. Repartir plántulas produce fotografías; garantizar su supervivencia requiere seguimiento, recursos y responsabilidad institucional.


El programa contempla comités de supervisión, participación comunitaria y mecanismos de monitoreo. Es decir, no se limita a fijar una cifra ambiciosa: plantea una estructura para intentar cumplirla.


Katsina y la lección para la CDMX


Katsina enfrenta importantes limitaciones económicas y una exposición severa a la desertificación.


Que su gobierno plantee una estrategia de esta escala demuestra que la capacidad de actuar no depende exclusivamente de la riqueza disponible, sino también de la planificación, la coordinación y la voluntad de convertir los anuncios en resultados verificables.


La comparación con la Ciudad de México resulta inevitable. Una capital con mayores recursos institucionales y financieros, pero también con problemas de pérdida de áreas verdes, contaminación y presión urbana, necesita compromisos ambientales a la altura de sus desafíos.


Las declaraciones sobre emergencias climáticas y las metas de reforestación pueden ser un punto de partida. El problema aparece cuando los anuncios no se traducen en acciones sostenidas, responsabilidades claras y resultados públicos. El discurso ambiental es sencillo; lo difícil es asumir compromisos que puedan medirse y exigirse.


¿Qué pensamos en #PlanetaB?


Katsina no demuestra que plantar millones de árboles sea fácil ni garantiza que su objetivo se cumpla. Demuestra algo más útil: que es posible establecer una meta, organizar su ejecución y poner la supervivencia de los árboles en el centro de la estrategia.


En la CDMX, menos retórica y más resultados sería un buen comienzo. Necesitamos presupuestos transparentes, seguimiento independiente y cifras públicas sobre árboles plantados, supervivencia y recuperación efectiva de áreas verdes. La ciudadanía no necesita más promesas que reverdezcan los discursos; necesita políticas que hagan reverdecer la ciudad.



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