México quiere renovar su ley ambiental. El verdadero reto será hacerla funcionar

Durante casi cuatro décadas, la principal ley ambiental de México ha acompañado transformaciones profundas del país.
Pero el contexto que enfrenta hoy es otro: cambio climático, pérdida acelerada de biodiversidad, contaminación, presión sobre los recursos naturales y una creciente necesidad de restaurar, no solo conservar.
Seguir regulando el presente con herramientas diseñadas para otro momento empieza a parecer, cuando menos, poco práctico.
Una ley ambiental para un escenario distinto
El gobierno federal prepara una iniciativa para actualizar la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA), considerada uno de los principales pilares del marco jurídico ambiental mexicano.
La propuesta será enviada al Congreso de la Unión para su análisis y busca fortalecer las capacidades del Estado para proteger, conservar y restaurar el medio ambiente.
Entre los cambios planteados está la modernización de instrumentos como la evaluación de impacto ambiental y la evaluación ambiental estratégica. La intención es mejorar la manera en que se analizan proyectos y políticas públicas antes de que sus consecuencias ambientales se conviertan en hechos consumados.
La propuesta también contempla fortalecer mecanismos relacionados con economía circular, residuos, biodiversidad y conservación. Entre ellos aparecen corredores biológicos terrestres y marinos, paisajes bioculturales y unidades de manejo de vida silvestre.
El clima no es el único pendiente
La actualización también parte de una realidad incómoda: los problemas ambientales ya no pueden abordarse por compartimentos. Cambio climático, pérdida de biodiversidad, contaminación y deterioro de los recursos naturales están profundamente conectados.
Por ello, desde la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) también se ha planteado revisar la Ley General de Cambio Climático y mantener alineada la legislación mexicana con compromisos internacionales en materia de clima, biodiversidad y sustancias químicas, incluido el manejo y reducción del mercurio.
¿Qué pensamos en #PlanetaB?
Actualizar una ley de casi 40 años es necesario. Pero cambiar el texto legal no garantiza, por sí mismo, mejores resultados ambientales. El verdadero examen estará en la capacidad institucional, la aplicación de las normas, la vigilancia y la transparencia con la que se tomen decisiones.
México necesita pasar de una legislación que principalmente autorice y regule a un sistema capaz de anticipar impactos, restaurar ecosistemas y hacer compatibles desarrollo y protección ambiental.
La oportunidad está sobre la mesa. Ahora toca mirar no solo qué dice la nueva ley, sino qué tan seriamente se aplicará. Porque el planeta, por cierto, no contempla periodos de gracia.





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