El futuro de la Amazonía se juega en las elecciones de Brasil, Bolsonaro némesis del medio ambiente


Cuando hay elecciones en un país es un momento de gran incertidumbre, primero por la falla que existe en las democracias generales, donde cualquier persona -cualquiera- puede ser el próximo presidente, no tiene que ser el más preparado, el más inteligente, el más capaz o el de las mejores propuestas y segundo por lo radical que puede llegar a ser su ideología.

Los ajustes que se pueden generar después de un cambio de gobierno son grandes para bien o para mal. Hay diferentes ejemplos de esto como los que han sucedido en Estados Unidos, México, España, Inglaterra, entre otros, ahora toca el turno de Brasil.

Si bien podría catalogarse como una elección más, en donde se enfrenta la ‘izquierda’, la ‘derecha’ y puntos intermedios, está elección podría marcar una gran diferencia en el medio ambiente; principalmente por el futuro de la selva amazónica.

Con Lula da Silva fuera de la contienda todo parece indicar que el favorito para ocupar la silla presidencial es Jair Bolsonaro, quien es un político de extrema derecha, parecido a un clon de Donald Trump, ya que afirma que la política ambiental de Brasil está ‘sofocando al país’.

El candidato de derecha afirmó que buscará explotar más regiones de la selva amazónica para satisfacer la demanda mundial de carne y soya. Al igual que Trump, Bolsonaro ha mencionado que buscará retirarse del Acuerdo de París.

Esto es una grave amenaza ambiental no sólo para Brasil, sino para todos nosotros. Son más de cinco millones de kilómetros cuadrados la extensión de la selva amazónica y sirve como ‘filtro’ para las emisiones de dióxido de carbono que produce el mundo.

Para lograr sus promesas de campaña el flamante candidato ha dicho que eliminaría el Ministerio del Medio Ambiente, órgano que se encarga de proteger la selva y que dicho organismo volvería a ser parte del Ministerio de Agricultura, el cual se le acusa de favorecer los intereses de quienes quieren convertir los bosques tropicales en tierras de cultivo.

Por otro lado, ha rechazado apartar o reservar tierras en la selva para los indígenas que han vivido en la Amazonía por siglos.

“...No habrá un solo centímetro cuadrado demarcado como reserva indígena. Donde hay tierra indígena, hay riqueza debajo de ella...”, ha dicho Bolsonaro.

Esto a pesar que diferentes estudios afirman que las reservas forestales controladas por pueblos nativos proporcionan una gran defensa contra la deforestación.

“...La posible victoria de Bolsonaro provocaría sin duda que Brasil dejara de ser líder en la agenda contra el cambio climático y se convirtiera en un gran obstáculo para los esfuerzos globales por combatirlo, al igual que Estados Unidos...”, señaló Carlos Rittl, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima.

Lo lamentable es que todo parece indicar que Bolsonaro será el ganador, ya que su oponente más cercano se encuentra bastante alejado de tener alguna posibilidad.

Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, quedó muy atrás en la primera ronda electoral, con solo el 29% de los votos contra el 46% que obtuvo Bolsonaro.

En contraste, Haddad es lo opuesto ya que ha prometido medidas agresivas para frenar la deforestación.

Brasil ha tenido altibajos protegiendo la selva amazónica, ya que ha realizado esfuerzos para detener la deforestación pero se ven minados por diferentes acciones políticas, por lo que no termina de tener una estrategia sostenible a futuro que pueda enfrentar incluso cambios de gobierno.

De hecho la tasa de deforestación había disminuido constantemente a partir del 2005, pero la tendencia se ha revertido y con el apoyo de análisis satelitales realizados por el Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil, entre agosto de 2015 y julio de 2016 se perdieron más de 7770 kilómetros cuadrados de superficie forestal.

Izquierda o derecha, ambas posiciones políticas se han dedicado a explotar la selva amazónica y de seguir las tendencias ambientales -o las que vienen- Brasil será incapaz de cumplir con los objetivos de reducción de emisiones a los que se comprometió en el Acuerdo de París.

Un informe de un grupo de investigación y defensa llamado Global Forest Watch halló que las emisiones de dióxido de carbono causadas por la pérdida de terreno forestal en países tropicales fueron, en promedio, de 4,8 gigatoneladas por año entre 2015 y 2017, o el equivalente a las emisiones de los tubos de escape de 85 millones de autos en toda su vida útil.

Si continúa este ritmo de pérdida de selva, será imposible que el mundo mantenga el calentamiento global por debajo del límite establecido en el Acuerdo de París.

Nuevamente por la ambición de unos cuantos, el mundo termina perdiendo, ¿cuántos Trumps, Bolsonaro, Trudeau, más necesitamos para entender que se precisan políticos que desarrollen acciones contundentes para proteger y hacer sostenible este planeta?

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Vía: New York times Imagen: Noticieros Televisa

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