China y su compromiso climático: Un paso audaz, pero ¿suficiente?
- Planeta B

- 29 sept
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La Sombra del Gigante Emisor
En un mundo donde el reloj climático tic-tac con urgencia, China emerge como el actor pivotal, emitiendo más gases de efecto invernadero que cualquier otro nación.
El reciente anuncio del presidente Xi Jinping en la Cumbre Climática de la ONU no es solo una promesa; es un giro estratégico en la geopolítica verde.
Sin embargo, mientras Pekín dibuja líneas en el mapa de la descarbonización, persisten dudas sutiles sobre su profundidad: ¿es un faro de esperanza o un velo diplomático?
El anuncio de Xi: Detalles de un horizonte 2035
Imaginemos un Pekín nublado por el humo industrial, ahora teñido de paneles solares relucientes. El 24 de septiembre de 2025, Xi Jinping, en un mensaje de video a la ONU, desveló los nuevos NDCs de China: una reducción absoluta del 7-10% en emisiones netas de GEI para 2035, medida desde los picos esperados antes de 2030.
No se trata de un mero corte en intensidad—como en compromisos previos—sino un tope real, abarcando toda la economía y todos los gases, desde CO2 hasta metano. Este eje central se refuerza con pilares concretos.
Primero, la transición energética: non-fósiles al 30% del consumo total, un salto que eclipsa el 18% actual.
Segundo, renovables a la vanguardia: capacidad eólica y solar multiplicada por seis desde 2020, apuntando a 3.600 GW—suficiente para iluminar continentes enteros.
Tercero, sumideros verdes: stock forestal a 24 mil millones de m³, un escudo contra la deforestación global.
Y no olvidemos la movilidad: vehículos de nueva energía como norma en ventas, junto a un mercado de carbono expandido a industrias pesadas.
Estos elementos no surgen de la nada. China ya lidera la producción global de paneles solares y baterías, con inversiones que superan los 500 mil millones de dólares anuales en verde.
Pero el sarcasmo reside en el timing: mientras el mundo apremia por recortes drásticos, Pekín elige un 7-10% que expertos tildan de "prudente". ¿Ambición contenida por el crecimiento económico, o cálculo astuto para liderar sin tropezar?
Implicaciones globales: Ondas en el océano climático
China no actúa en aislamiento; su promesa reverbera como un terremoto en el tablero mundial. Como mayor emisor—responsable del 30% de los GEI globales—un recorte genuino podría inclinar la balanza hacia el 1.5°C del Acuerdo de París.
En Asia, acelera la adopción renovable: India y ASEAN podrían emular, reduciendo la dependencia del carbón regional. Globalmente, presiona a la UE (que apunta a 66-72% de corte para 2035) y Brasil (59-67%), mientras contrasta con el retiro estadounidense del París, calificado por Trump como "estafa".
Sin embargo, la crítica fina aflora en las grietas. Expertos de Greenpeace y E3G argumentan que China podría recortar hasta 30% sin menoscabo, dada su rampa renovable.
La opacidad sobre el pico exacto—y la construcción de nuevas plantas de carbón—sugiere un pie en el acelerador fósil. Xi urgió equidad: países ricos deben financiar la transición, un reproche velado a Washington.
Persuasivo, sí; pero ¿convencerá a un mundo donde el cambio climático ya devora costas y cosechas?
En esencia, este compromiso acelera la cadena de suministro verde—baterías chinas más baratas para todos—pero exige vigilancia. Si Pekín cumple y excede, podría redefinir la era post-carbón. De lo contrario, será un espejismo en el desierto climático.
¿Qué Pensamos en #PlanetaB? La danza climática
Observamos con elegancia contenida este ballet climático chino: un avance que aplaudimos, pero que susurra dudas sobre su vigor. Xi pinta un futuro de vientos solares y bosques guardianes, un lienzo persuasivo que oculta el carbón latente.
¿Es liderazgo genuino o diplomacia calculada, priorizando el PIB sobre el planeta? La ciencia clama por más—un 30% de corte, no un 10% tentativo—y China, con su maquinaria verde, lo sabe.
Críticamente, este anuncio ilumina la hipocresía global: mientras Pekín invierte billones en renovables, otros retroceden al negacionismo.
Reflexionemos: el cambio no es un sprint solitario, sino una maratón compartida. Si China "se esfuerza por hacerlo mejor", como promete, podría catalizar una cascada de acción. Pero sin presión colectiva, estos 7-10% serán un consuelo insuficiente ante huracanes y sequías.








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