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Revocando la realidad: Trump elimina el “peligro” oficial del cambio climático

  • hace 2 minutos
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El jueves 12 de febrero de 2026, el presidente Trump, acompañado del administrador de la EPA Lee Zeldin, anunció con entusiasmo lo que calificó como “el mayor acto desregulatorio de la historia estadounidense”: la revocación del Endangerment Finding de 2009, esa molesta conclusión científica de la era Obama que osaba declarar que los gases de efecto invernadero —CO₂, metano y compañía— representan un peligro para la salud pública y el bienestar.


Con un trazo de pluma, se elimina la base legal que permitía a la agencia federal regular emisiones en autos, plantas de energía y más, todo en nombre de precios más bajos y libertad industrial.


Mientras la Casa Blanca celebra el fin de una “estafa regulatoria”, el resto del mundo observa un retroceso que invita a preguntarse: ¿es esto un acto de audacia económica o una conveniente amnesia climática?


El fin de una era regulatoria: ¿progreso o ilusión?


La revocación del Endangerment Finding no es un ajuste menor; es la eliminación quirúrgica de la autoridad de la EPA para tratar los gases de efecto invernadero como contaminantes regulables.


Trump lo describió con su estilo característico: una “política desastrosa de Obama” que encarecía autos y dañaba la industria automotriz.


La narrativa oficial promete precios más bajos en vehículos, mayor competitividad para los combustibles fósiles y un alivio de miles de millones de dólares en costos regulatorios para los consumidores.


Sin embargo, la realidad es más matizada —y menos conveniente—. Al revocar este dictamen, se desmantela el marco legal que permitió estándares de emisiones en autos y camiones desde 2012 en adelante, así como muchas otras normas que reducían la contaminación en plantas de energía y refinerías.


Lo que se presenta como “libertad económica” equivale, en la práctica, a renunciar a herramientas federales para mitigar un fenómeno que la ciencia mayoritaria vincula directamente con eventos extremos: olas de calor mortales, huracanes más intensos, sequías prolongadas y pérdidas agrícolas masivas.


Curiosamente, mientras se argumenta que los combustibles fósiles “han salvado vidas” al sacar a miles de millones de la pobreza, se ignora que el cambio climático desproporcionadamente afecta a las mismas poblaciones vulnerables que se dice defender.


Implicaciones prácticas: de Washington al mundo real


Estados como California ya anunciaron demandas judiciales inmediatas, argumentando que la decisión viola precedentes científicos y legales asentados.


Expertos ambientales coinciden en que esta revocación no solo borra logros del mandato Biden, sino que complica cualquier intento futuro de reinstaurar regulaciones climáticas serias.


La EPA ahora carece de base estatutaria para abordar el calentamiento global bajo la Clean Air Act, lo que deja un vacío que solo el Congreso —o una futura administración con mayoría legislativa— podría llenar.


Mientras tanto, el mensaje es claro: priorizar el corto plazo sobre el largo. Bajar costos inmediatos en gasolina y vehículos a costa de externalidades que pagarán generaciones futuras.


Es una apuesta elegante en papel, pero riesgosa en la realidad climática que ya golpea fronteras, cosechas y costas mexicanas.


¿Qué pensamos en #PlanetaB?


Vemos esta decisión con preocupación profunda, pero sin dramatismo estéril. Revocar una base científica consolidada por décadas no refuta el cambio climático; simplemente decide ignorarlo a nivel federal.


Es un ejercicio de poder que privilegia intereses fósiles consolidados sobre la evidencia acumulada por la comunidad científica global. El sarcasmo sutil está en la ironía: mientras se celebra la “desregulación histórica”, el planeta sigue calentándose sin pausa regulatoria.


No se trata de demonizar el progreso económico —nadie niega que regulaciones mal diseñadas pueden asfixiar industrias—. Pero renunciar por completo a la capacidad de proteger la salud pública ante una amenaza planetaria no es libertad; es abdicación.


La verdadera innovación no está en quemar más carbón sin límites, sino en transitar hacia energías limpias que generen empleo, reduzcan dependencia externa y preserven un clima habitable.


Llamamos a la acción: exige a tus representantes —en México, en EE.UU., en cualquier latitud— que prioricen políticas climáticas basadas en hechos, no en narrativas convenientes.


Apoya la innovación real, invierte en lo sostenible y mantén la presión. Porque si Washington elige mirar para otro lado, el resto del planeta no puede permitirse el lujo de seguirlo.

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