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Termoeléctrica de Tula: del combustóleo al gas natural, ¿aire más limpio o transición a medias?

  • hace 1 hora
  • 2 Min. de lectura


La calidad del aire en la CDMX no admite más discursos inspiradores ni soluciones diferidas. Más de 21 millones de personas respiran lo que el Valle de México logra —o no logra— dispersar.


En ese contexto, la reconversión de la termoeléctrica de Tula aparece como una decisión estratégica. Relevante. Necesaria. Pero también perfectible, celebramos el avance, sin perder de vista sus limitantes.


El problema que flota —literalmente— en el aire


La termoeléctrica Francisco Pérez Ríos, ubicada en Tula, Hidalgo, ha sido identificada como una de las principales fuentes de dióxido de azufre que impactan al Valle de México, pese a estar a más de 80 kilómetros de distancia. La física atmosférica no reconoce fronteras administrativas.


Durante contingencias ambientales, la Comisión Ambiental de la Megalópolis ha solicitado reducir hasta 30% el consumo de combustóleo en la planta para mitigar picos de contaminación. Un recordatorio incómodo: cuando el aire colapsa, las decisiones energéticas pesan.


La temporada de ozono —de febrero a junio— agrava el escenario. Altas temperaturas, poca nubosidad y vientos débiles crean el entorno ideal para que los contaminantes se acumulen. Y reaccionen.


¿Qué cambia al sustituir combustóleo por gas natural?


El combustóleo es un residuo pesado del petróleo con alto contenido de azufre. Traducido: más dióxido de azufre, más partículas finas, más presión sobre la salud respiratoria y cardiovascular.


El gas natural, aunque sigue siendo un combustible fósil, emite significativamente menos contaminantes por unidad de energía. De acuerdo con datos internacionales, puede generar hasta 30% menos CO₂ que el combustóleo y alrededor de 45% menos que el carbón.


Estudios académicos estiman que la actual planta produce cerca de 149 mil toneladas de CO₂ al año, además de emisiones relevantes de óxidos de azufre y nitrógeno. La conversión a ciclo combinado promete reducciones sustanciales, incluso hasta 50% en algunos contaminantes, según autoridades ambientales.


No es energía limpia. Es energía menos sucia. Y en el corto plazo, eso importa.


Reconversión energética: avance necesario, meta insuficiente


El proyecto forma parte de una estrategia federal para mejorar la calidad del aire en la Zona Metropolitana del Valle de México. Cerca del 70% de las termoeléctricas del país ya operan con gas natural. Tula estaba pendiente.


A nivel internacional, la transición de carbón a gas ha contribuido a reducciones relevantes de emisiones en el sector eléctrico. El precedente existe. La pregunta es si México usará este paso como puente hacia renovables o como punto de llegada.


Porque sustituir combustóleo por gas natural reduce emisiones locales y mejora indicadores. Pero no elimina la dependencia fósil. Y el desafío climático exige algo más que mejoras relativas.


¿Qué pensamos en #PlanetaB?


Celebramos la reconversión de la termoeléctrica de Tula. Es una decisión técnicamente sólida y ambientalmente responsable frente al escenario actual. Reducir dióxido de azufre y partículas desde el primer día no es menor.


Pero también creemos que la conversación no debe detenerse en el “menos peor”. El gas natural puede ser un combustible de transición, no el destino final. La verdadera transformación implica acelerar renovables, eficiencia energética y planeación urbana coherente.


Respirar mejor no debería ser una excepción estacional. Es un derecho. La pregunta es clara: ¿aprovecharemos esta transición como punto de inflexión o como zona de confort?


Imagen: Grupo Reforma


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