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Carne y lácteos: El 98% de sus promesas verdes son mentira. Los reyes del greenwashing

  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura

Promesas climáticas que suenan bien… en papel


En tiempos donde la sostenibilidad se ha convertido en moneda reputacional, la industria alimentaria ha aprendido a hablar el idioma correcto. Declaraciones ambiciosas, metas a largo plazo y una narrativa cuidadosamente afinada.


Todo parece indicar que el cambio está en marcha. Pero, como suele suceder, la realidad tiene menos brillo que el discurso.


El peso real de las emisiones


La producción de carne y lácteos representa al menos el 16.5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Bajo presión pública, las grandes corporaciones han multiplicado sus compromisos ambientales.


Sin embargo, un análisis de 33 empresas entre 2021 y 2024 revela que el entusiasmo no siempre viene acompañado de sustancia.


De 1,233 afirmaciones ambientales revisadas, el 98% puede clasificarse como greenwashing: promesas vagas, sin rutas claras ni evidencia sólida. Más de dos tercios carecen de respaldo verificable y apenas tres se sustentan en literatura científica. Elegante, sí; convincente, no tanto.


Entre la ambición y la simulación


Aunque 17 compañías han anunciado objetivos de “cero emisiones netas”, la estrategia suele apoyarse más en compensaciones de carbono que en reducciones reales. Es decir, se neutraliza en papel lo que no se transforma en la práctica.


Las acciones concretas, por su parte, rozan lo anecdótico. Desde programas piloto que abarcan el 0.0019% de las operaciones globales, hasta ajustes milimétricos en empaques. Cambios que, aunque técnicamente existentes, difícilmente alteran el panorama climático.


Incentivos que perpetúan la narrativa


El problema no es solo técnico, sino estructural. En un mercado donde la percepción pesa tanto como el desempeño, las empresas tienen incentivos claros para prometer más de lo que pueden cumplir. No es una novedad: industrias como la del tabaco o los combustibles fósiles ya han transitado ese camino con notable destreza.


¿Qué pensamos en #PlanetaB?


La sostenibilidad no puede seguir siendo un ejercicio de relaciones públicas. Cuando el 98% de las promesas no resiste un análisis riguroso, el problema no es de comunicación, sino de integridad. Y eso, tarde o temprano, pasa factura.


Es momento de exigir métricas claras, evidencia verificable y compromisos que trasciendan el papel. Como consumidores, reguladores y actores del ecosistema, la responsabilidad también es nuestra: premiar la transparencia y cuestionar la simulación. Porque el planeta no necesita más promesas; necesita resultados.


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