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Piñas que promueven la igualdad de género y protegen el medio ambiente


Últimamente se han tenido diferentes debates en torno a la producción de alimentos y cómo ser más sostenibles. La sostenibilidad ambiental de una actividad no está determinada únicamente por el hecho de que una vez instalada y en producción se tomen medidas respecto al manejo de residuos sólidos, tratamiento de aguas residuales y control de emisiones.

Lo anterior es un lado de la moneda. Por otra parte se tiene que tomar en consideración la dimensión ambiental, la protección del ambiente y recursos naturales y cómo el diseño de la actividad incorpora acciones ambientales concretas como parte de su implantación para que realmente sea sostenible.

Uno de los cultivos que no se ha hablado mucho pero tiene un impacto ambiental importante es el de la piña. Existen problemas de contaminación de acuíferos bajo las zonas de cultivo de piña, erosión de suelos (con el desarrollo de significativas cadenas de impacto que afectan los ríos e incluso llevan el sedimento hacia el mar, donde los corales de los arrecifes están siendo afectados por la sedimentación); y la producción de vectores como la mosca producto del inadecuado manejo del desecho de la piña.

En años recientes, Costa Rica se ha convertido en uno de los mayores exportadores de piñas del mundo. La explotación industrial de este producto se expandió rápidamente en el país centroamericano desde el año 2000 generando unos 800 millones de dólares a la economía nacional.

El cultivo de esta planta tropical sirve para que miles de agricultores costarricenses puedan ganarse la vida, especialmente en las regiones de norte y atlántica del país, pero este negocio se ha convertido en una amenaza para la igualdad de género y para el medio ambiente.

La rápida expansión de la industria tuvo impactos ambientales y sociales que llevaron al Gobierno a tomar medidas para transformar el sector y lograr que las piñas sean producidas de manera saludable y sostenible.

Para contrarrestar el problema, la empresa ‘Flor Agroindustrias’ de una comunidad rural de Costa Rica, dirigida por ‘Blanquita, una mujer local, se dedica a la producción sostenible de piñas.

Desde hace cuatro años, la compañía emprendió un proceso de transformación con el objetivo de tomar acciones y en práctica una serie de estrategias para lograr una producción responsable a nivel social y ambiental.

Dentro de las acciones sociales resaltan las políticas de discriminación cero y la igualdad salarial entre hombres y mujeres, así como programas de educación para sus trabajadores, con el fin de lograr un mayor grado académico.

La promoción de mejores prácticas es un objetivo clave para la Plataforma Nacional de producción y comercio responsable de piña en Costa Rica – un proyecto financiado y apoyado por el Programa de Materias Primas Verdes del PNUD, con la ayuda de la Organización Inter-Eclesiástica de Holanda para Cooperación al Desarrollo (ICCO) .

“...No ha sido fácil, pero hemos conseguido llegar a la cima en un campo tradicionalmente dominado por los hombres...”, dice Blanquita Vargas.

Con el apoyo del PNUD, Costa Rica ha introducido un plan de acción generando alianzas que promueven la producción y el comercio responsable, justo y de acuerdo con las prácticas que protegen el medio ambiente, la comunidad y los consumidores.

La Plataforma invita a los productores, comerciantes, trabajadores, público en general y Gobierno a promover modelos de producción responsable que beneficien a todos los sectores. En la actualidad, más de 50 organizaciones, empresas e instituciones son parte de esta iniciativa.

Entre 2011 y 2014, más de 900 participantes, entre ellos representantes de los grandes compradores como Dole, Tesco y Wal-Mart; pequeños productores, comerciantes, consumidores y la sociedad civil ayudaron a elaborar el plan. Hoy se comprometen a trabajar juntos para llevarlo a cabo.

“...Queremos un modelo de producción donde los trabajadores sean tratados de manera justa, donde las mujeres sean capaces de acceder a posiciones de liderazgo y se les pague lo mismo que a sus equivalentes masculinos, donde la producción no contamine las fuentes de agua ni cause daños a las comunidades. Queremos que los beneficios de la producción puedan ser disfrutados por tantas personas como sea posible...”, asegura Kifah Sasa, responsable de Medio Ambiente del PNUD .

Este modelo de producción y comercio responsable que ha sido implementado exitosamente en Costa Rica, también fue replicado para diversos cultivos en Ghana, República Dominicana, Etiopía e Indonesia.

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Vía: ONU noticias Imagen: Flor Agroindustrias

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