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El maíz frente al clima: cuando producir más ya no significa pagar menos

  • Foto del escritor: Planeta B
    Planeta B
  • hace 2 horas
  • 3 Min. de lectura

Un grano básico en un sistema que dejó de ser predecible


Durante décadas, el maíz ha sido sinónimo de estabilidad: producción creciente, abasto garantizado y precios relativamente controlables.


Sin embargo, ese equilibrio —aparentemente sólido— comienza a mostrar fisuras. El cambio climático no solo está alterando los ciclos agrícolas, también está redefiniendo las reglas económicas que sostienen al grano más importante del país.


Este análisis propone una mirada crítica y constructiva sobre un fenómeno incómodo: producir más maíz ya no asegura precios más bajos. Y México, guste o no, está entrando en esa nueva ecuación.


Cuando la ley de la oferta deja de obedecer


Una investigación publicada en la Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas advierte que, bajo escenarios climáticos adversos, México podría no cubrir su demanda interna de maíz hacia finales del siglo XXI. En el escenario más extremo, el precio del grano podría duplicarse. No por especulación, sino por física climática.


Tradicionalmente, una mayor producción implicaba una reducción del precio por tonelada. Sin embargo, al integrar variables como aumento de temperatura, sequías prolongadas y precipitaciones erráticas, ese efecto se diluye.


Los datos son claros: producir una tonelada adicional reduciría el precio apenas dos puntos porcentuales, frente al 5.7% que se observaría en un mundo sin cambio climático. La eficiencia económica comienza a evaporarse bajo el sol.


Calor, agua y rendimientos: una relación cada vez más frágil


El maíz es un cultivo sensible. Necesita equilibrio. Demasiado calor degrada sus células; demasiada agua ahoga su desarrollo. Y muy poca humedad lo asfixia.


Los estudios coinciden en un punto crítico: al acercarse o superar los 32 grados centígrados, el crecimiento del maíz se desacelera de forma irreversible. No importa si el suelo está húmedo o si existe riego tecnificado.


La acumulación de calor extremo durante varios días reduce el rendimiento de manera inmediata. Un solo grado adicional en la temperatura promedio puede disminuir la producción hasta en 7.4%.


El cambio climático no solo reduce la lluvia; desordena su comportamiento. Lluvias torrenciales concentradas en pocos días y largos periodos de sequía durante fases clave como la floración debilitan la estructura de la planta, reducen la eficiencia del fertilizante y afectan la calidad del grano. El resultado: menos maíz y de menor valor.


Producción récord hoy, vulnerabilidad mañana


Las cifras oficiales estiman que en 2025 México superará los 20 millones de toneladas de maíz blanco, asegurando el abasto interno. A nivel global, la disponibilidad de más de 500 millones de toneladas podría incluso presionar los precios internacionales a la baja.


Pero el largo plazo no es tan complaciente. El Colegio de Postgraduados advierte que la dinámica de precios en México dependerá menos del volumen producido y más de la vulnerabilidad física de los cultivos frente a escenarios climáticos cambiantes.


En el escenario RCP 8.5 —el más catastrófico— se proyecta un aumento de 4.2 °C y una reducción cercana al 9% en las lluvias. Bajo esas condiciones, México tendría que importar maíz blanco hacia 2080 para cubrir su demanda interna.


Paradójicamente, la esperanza recae en los maíces nativos y criollos. Su diversidad genética podría permitir una mejor adaptación al estrés térmico y al déficit hídrico. No por romanticismo agrícola, sino por resiliencia biológica.


Un impacto que no se queda en el campo


El encarecimiento del maíz no es un problema sectorial; es un problema estructural. Afecta a productores con menores márgenes, a distribuidores con inventarios reducidos y, finalmente, a consumidores que pagan más por el mismo alimento.


Al ser la base de la dieta nacional, el aumento de su precio actúa como un impuesto regresivo. Golpea con mayor fuerza a los hogares de menores ingresos y pone en riesgo la seguridad alimentaria. El cambio climático, en este contexto, no es solo una amenaza ambiental: es un factor de desigualdad económica.


¿Qué pensamos en #PlanetaB?


El debate ya no es si el cambio climático afectará al maíz, sino cuánto estamos dispuestos a anticiparnos. Seguir apostando únicamente por aumentar la producción sin fortalecer la resiliencia del sistema agrícola es una estrategia elegante… pero insuficiente.


La evidencia apunta hacia la necesidad de políticas más robustas: acceso al crédito, subsidios inteligentes, expansión estratégica del riego y protección de la diversidad genética. No como medidas de emergencia, sino como inversión estructural.


Creemos que hablar de maíz es hablar de clima, economía y justicia social al mismo tiempo. La pregunta no es si el precio subirá, sino si tendremos la visión —y la voluntad— de evitar que ese costo recaiga siempre en los mismos. Te leemos. Participa en la conversación.

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