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El deshielo del gigante: por qué los Himalayas se están quedando sin nieve

  • Foto del escritor: Planeta B
    Planeta B
  • hace 13 minutos
  • 3 Min. de lectura


Durante siglos, los Himalayas han sido sinónimo de nieve perpetua, equilibrio natural y estabilidad climática para buena parte de Asia. Hoy, ese imaginario comienza a resquebrajarse.


Donde antes el invierno cubría de blanco las montañas, ahora predominan la roca expuesta y el suelo seco. No se trata de una anomalía estética ni de una temporada caprichosa: los científicos advierten que algo estructural está ocurriendo.


Menos nieve, más evidencia


Los datos son consistentes y, peor aún, reiterativos. En los últimos cinco inviernos, la caída de nieve en los Himalayas ha estado muy por debajo del promedio registrado entre 1980 y 2020. En algunas zonas del Himalaya central y occidental, la reducción alcanza hasta un 25%. No es una excepción: es una tendencia.


El aumento sostenido de la temperatura agrava el problema. La poca nieve que logra caer se derrite con rapidez, especialmente en zonas de menor altitud, donde el invierno comienza a parecerse más a una temporada de lluvias débiles que a una estación fría.


El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático lo ha dicho con claridad: el calentamiento global ya está alterando la forma en que precipita el agua en regiones de alta montaña.


La llamada “sequía de nieve”


Los científicos han comenzado a utilizar un término inquietante: snow drought o sequía de nieve. No significa ausencia total de precipitación, sino una combinación peligrosa de poca nieve, mala distribución y baja permanencia en el suelo.


El invierno 2024–2025 registró el nivel más bajo de persistencia de nieve en 23 años, casi un 24% por debajo de lo normal. Cuatro de los últimos cinco inviernos han estado por debajo del promedio. La nieve ya no se queda. Y cuando no se queda, no cumple su función.


El agua que no se ve, pero sostiene millones de vidas


La nieve invernal es una reserva estratégica. Al derretirse gradualmente en primavera, alimenta ríos, acuíferos y sistemas que proveen agua potable, riego agrícola y energía hidroeléctrica. En promedio, el deshielo aporta cerca de una cuarta parte del caudal anual de 12 grandes cuencas fluviales de la región.


Cuando ese aporte se vuelve errático, la seguridad hídrica de casi dos mil millones de personas entra en tensión. Menos nieve hoy implica menos agua mañana. No es una metáfora: es una ecuación.


Montañas más frágiles, riesgos más altos

La nieve y el hielo funcionan como un “cemento natural” que mantiene estables las laderas. Su desaparición acelera procesos de inestabilidad: deslizamientos de tierra, caídas de rocas, flujos de escombros y el colapso de lagos glaciares.


Estos eventos ya no son excepcionales. Se están volviendo frecuentes, localizados y devastadores. El paisaje cambia, sí, pero también lo hace el nivel de riesgo para comunidades enteras.


¿Fenómenos aislados o un sistema que se debilita?


Algunos inviernos recientes han registrado nevadas intensas. El matiz es importante: han sido eventos extremos y puntuales, no precipitaciones regulares y bien distribuidas como en décadas pasadas. Más intensidad no compensa menos constancia.


Una de las principales causas señaladas es el debilitamiento de las perturbaciones del oeste, sistemas de baja presión que históricamente llevaban humedad desde el Mediterráneo hacia el Himalaya. Hoy llegan más débiles, con trayectorias alteradas y menor capacidad de generar nieve. El resultado es predecible: menos precipitación, más incertidumbre.


El doble problema del Himalaya


La región enfrenta una combinación particularmente delicada. Por un lado, el retroceso acelerado de glaciares. Por el otro, una caída sostenida de la nieve invernal. Largo plazo y corto plazo colapsando al mismo tiempo.


No es solo una crisis futura. Es una transición silenciosa que ya está en marcha, mientras seguimos discutiendo si el cambio climático “realmente” se nota.


¿Qué pensamos en #PlanetaB?


Creemos que el problema no es que los Himalayas estén perdiendo nieve, sino que seguimos perdiendo tiempo. La evidencia científica es clara, robusta y repetida. Lo que falta no son datos, sino decisiones a la altura del desafío.


Mirar estas montañas desnudas debería incomodarnos más de lo que lo hace. No por romanticismo ambiental, sino porque sostienen sistemas de vida, economías y equilibrios geopolíticos enteros.


La pregunta no es si esto nos afecta, sino cuándo decidiremos actuar como si realmente lo entendiéramos. Te invitamos a reflexionar, compartir y exigir políticas climáticas que no lleguen cuando ya no quede nieve que proteger.


📷Yunish Gurung


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