¿Autosuficiencia alimentaria? Solo un país lo ha logrado
- Planeta B
- 9 jul
- 2 Min. de lectura
Solo una nación en el mundo es autosuficiente en alimentación, según un estudio reciente. ¿Qué nos dice esto sobre la globalización, el nacionalismo y el futuro de la seguridad alimentaria?
En un mundo hiperconectado, donde el comercio global parece ser la columna vertebral de nuestra alimentación, resulta irónico descubrir que apenas una sola nación puede realmente alimentarse a sí misma sin depender de otros.
Según un reciente estudio publicado en la revista Food Nature, solo un país logra producir todos los grupos alimenticios básicos para cubrir las necesidades de su población: Guyana. Sí, Guyana, ese pequeño país sudamericano que probablemente no estaba en tu radar cuando pensabas en autosuficiencia alimentaria.
El estudio y sus revelaciones: ¿por qué solo Guyana?
El análisis tomó en cuenta siete grupos principales de alimentos para evaluar qué países pueden satisfacer las recomendaciones dietéticas nacionales sin ayuda del exterior.
De las 186 naciones evaluadas, 154 apenas llegan a producir entre dos y cinco grupos. Gigantes como China y Vietnam apenas rozan los seis. Lo más revelador: la autosuficiencia alimentaria es más un mito que una realidad tangible, especialmente para países pequeños y medianos, atrapados en un laberinto de barreras comerciales y políticas nacionalistas.
Nacionalismo, pandemias y guerras: Los nuevos ingredientes del desabasto
Si pensabas que la globalización era un problema del pasado, piénsalo otra vez. El nacionalismo creciente, la pandemia de COVID-19 y el conflicto bélico en Ucrania han demostrado ser ingredientes explosivos para desbaratar las cadenas de suministro alimentario.
El resultado: interrupciones en la importación y exportación de alimentos, dejando al descubierto lo dependientes que somos unos de otros para comer saludable.
¿Qué pensamos en #PlanetaB? Más que una estadística, un llamado a repensar
Esta investigación no es solo un dato curioso para sorprender en reuniones sociales; es una señal de alarma para gobiernos, empresas y consumidores. La fragilidad de nuestro sistema alimentario global nos obliga a repensar cómo producimos, distribuimos y consumimos alimentos.
Depender excesivamente del comercio internacional para alimentar a una población creciente es una apuesta arriesgada en tiempos de crisis geopolíticas y climáticas.
Es momento de que tomemos decisiones conscientes y estratégicas: apoyar políticas que fomenten la producción local sostenible, incentivar la diversificación agrícola y promover hábitos alimenticios responsables.
No podemos permitir que un fenómeno tan esencial como la alimentación se convierta en un lujo reservado para unos pocos. Si quieres un futuro donde el hambre no sea la norma, comienza por informarte, exigir transparencia a tus líderes y elegir con inteligencia lo que llevas a tu mesa.
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